Rex, buen escudero, otro Castillo conquistado.
Nadie aprecia tanto lo especial que es tu conversación como lo hace tu perro. Christopher Morley.
Cuando paseando nos encontramos con algún dálmata, ya sabes que los miro de manera muy especial. Me recuerdan a mi perra de manchas marrones con la que realicé la larga travesía del desierto que me convirtió en un héroe cotidiano. Ahora cuando en ocasiones los árboles no me dejan ver el bosque, me preparo para volver a ser un guerrero pacífico. Junto a Tania lo conseguí sin tan siquiera saberlo y junto a tí, mi schnauzer standard Rex, espero volver a hacerlo.
Rex está junto a un hueco en la muralla del antiguo Castillo del siglo X, el pueblo de Aín está al fondo. Hoy lo han confundido con un perro de agua. Demasiado tiempo sin peluquería, pero es un espíritu salvaje. He tenido que explicar que es un schnauzer standard. Ni gigante, ni mini. Standard. Como dice nuestra amiga Rubí: "buenas patas y cuidadosos con el terreno, nunca se atoran o se avientan con torpeza, pocos accidentes".
Cuando los problemas comienzan a agobiarme, pienso en el próximo paseo con Rex. Seguramente esta noche. Unidos por la correa, pero enlazados por un sentimiento de disfrutar del momento, de la alegría de estar juntos aquí y ahora, sin preocuparnos por mañana. Me encanta saber que pase lo que pase, siempre me quedará Rex.