Observando las portadas, vemos como los perros están sujetos a las modas y caprichos que nosotros marcamos. En concreto me refiero al detalle de las orejas. Sin duda me quedo con la portada del segundo libro.


Nadie aprecia tanto lo especial que es tu conversación como lo hace tu perro. Christopher Morley.


Al igual que el protagonista de la novela de Sherwood Anderson, de vez en cuando me adentro en un pueblo aprendiz de ciudad, donde viven personajes tristes y aislados. Perdedores con una existencia gris que tiznan hasta el más verde de los paisajes.