domingo, 19 de octubre de 2008

Una tarde de otoño de 1.964

Nací una tarde de otoño de 1.964, es decir, en el siglo pasado. Cuando un resfriado se podía complicar y enviarte al otro barrio. Cuando las urgencias médicas consistían en que tus padres te llevaran a la fría consulta de un supuesto médico especialista endiosado, al que se le obsequiaba con un bonito detalle por Navidad. Cuando los profesores eran respetados y cuando la televisión era en blanco y negro.

Recuerdos de recortables, de paseos por la escollera del puerto a hombros de papá, de muchas historias reales en blanco y negro. Protagonistas como Popeye ó Phillip Marlowe, que tenía el aspecto de Humprhey Bogart con gabardina.
Años por delante de esfuerzo y sacrificio, porque sabes que nadie te va a regalar nada y te han preparado para ello.
Carga genética de sangre manchega, con el sentido trágico de la vida y un humor especial.

sábado, 13 de septiembre de 2008

El dia empieza con un buen salto

Mi habitación está en un extremo del pasillo. El comedor, donde tu duermes, está justo en el otro extremo. Las puertas están abiertas. Me gusta mirarte desde mi cama, mientras disfruto del adormecimiento de la noche tras la batalla diaria. Siento tu protección insobornable. Tu fidelidad. La tranquilidad y el descanso. Un buen sueño quizá.

Me gusta la disciplina. Tu lo sabes. Cada uno en su sitio y las caricias dosificadas. Aquí no se sube. Aquí no se ladra. Sit, platz y stay ó como se escriban y pocas palabras. Las necesarias.

Pero con el nuevo día, por un instante se rompen las normas y te lanzas en vertiginosa carrera desde el comedor y cual atleta en salto de longitud te avalanzas sobre mi cama, cayendo por lo general a mi lado. Es el ritual del despertar. El dar gracias por tener otro dia para compartir. Para vivir. Con tu salto sobre mi cama la vida continua y los problemas de los humanos se relativizan.

Cuando en ocasiones, me levanto de madrugada, te miro tumbado en el comedor y no estoy tranquilo hasta que te despiertas y vienes a mi lado.

Por eso digo que un buen despertar comienza con un buen salto. Eso sí, menos mal que duermo de lado.

lunes, 1 de septiembre de 2008

¿Yo?

Estoy tumbado en el gran sillón de la casa. Él acaba de entrar por la puerta del comedor y no da crédito a lo que ve. No me gusta el sillón, mejor dicho su sillón. Prefiero el suelo, pero no puedo desaprovechar una ocasión para fastidiarle. Sobretodo cuando está a punto de comenzar el partido de la Champions y yo no quiero perderme el documental de la BBC sobre los orígenes de la relación entre el perro y el hombre. Ya lo he visto decenas de veces.
Esta vez, además, él viene bolinga. Como cada vez que me saca a pasear, o mejor dicho, cree que me saca a pasear y le doy una vuelta por los bares de las esquinas. Se toma un pelotazo tras otro mientras le espero en alguno de los bancos. Tan cierto como la relación hombre-perro ó perro-hombre en París.
Pero disculpadme, ahora viene la parte que más me gusta del documental. Un grupo de lobos merodean a dos hombres vestidos de cavernícolas, que se están asando un filete de brontosaurio. Menudos imbéciles. ¿Pero de verdad se han creído que los lobos los necesitaban para comer? ¿Creen que los lobos prefieren la carne a la parrilla?

domingo, 31 de agosto de 2008

El gran silencio

Soy un cartujo. Camino renqueante. Muy encorvado. En seis años no he pronunciado una sola palabra. Llevo bien el gran silencio. Es una bendición de Dios. Antes de ocupar los hábitos del hermano Nicodemus, vagaba por el frío invierno de la Normandía. Duermo en el frío y duro suelo. Me despierto justo antes del primer rayo de Sol. Medito durante horas sin mover un solo músculo, antes de tomar un humilde almuerzo junto con el resto de hermanos. A través de mi hábito, tan sólo se adivina mi barba y mis cejas plateadas y mi gran naríz húmeda y trufosa.
Un día a punto de la congelación, topé con ésta Cartuja. Mis ahora hermanos me abrieron la puerta y me instalaron en algo parecido a un establo. Desolado, vacío y gélido. Por lo menos comía, y como dijo Cervantes por boca de Don Quijote, "la mejor salsa del mundo es el hambre", de ahí que no encontrara manjares más esquisitos que las sobras de mis austeros hermanos.
Un año después de mi llegada, el hermano Nicodemus me tomó bajo su enseñanza de pobreza y silencio. Colocó una techumbre en el huertecillo que daba a su celda y allí me instaló. Aprendo bien por imitación, así que pronto me comportaba como un auténtico cartujo.

miércoles, 30 de julio de 2008

Mi poema favorito es de Philip Larkin

Home is so sad..

Home is so sad. It stays as it was left,
Shaped to the comfort of the last to go
As if to win them back. Instead, bereft
Of anyone to please, it withers so,
Having no heart to put aside the theft...
And turn again to what it started as,
A joyous shot at how things ought to be,
Long fallen wide. You can see how it was:
Look at the pictures and the cutlery.
The music in the piano stool. That vase...





El hogar es tan triste..

El hogar es tan triste. Permanece como se dejó,
Fija huella del placer de los últimos,
Como si recuperarlos pudiese. Acaso, privado
De agradar, se marchita
No teniendo corazones para proteger del robo..
Y retorna al principio otra vez,
Como disparo alegre a la certidumbre
De un tiempo remoto. Puedes ver como fue:
Mirar las fotografías y los cubiertos.
La música sentada al piano. Aquel florero.


Traducido por mi mujer.

miércoles, 16 de julio de 2008

Mi amigo Rex

Apenas nos queda tiempo para nosotros.
Vacaciones, venid a socorrednos.
Cualquier excusa es buena para presumir de amigo.
Como dice Mario Benedeti, "Codo a codo por la vida, somos mucho más que dos"

Y no voy a insistir más, pero me encanta que tengas los cojones en su sitio.

Gracias Paul Auster por existir. Os recomiendo La música del azar




Gracias Rex por estar a mi lado.

sábado, 28 de junio de 2008

¿Nos esterilizamos?

Leo en una web cualquiera: "En los machos la esterilización se lleva a cabo mediante una técnica quirúrgica llamada "Orquiectomía", cuyo objetivo es retirar por completo ambos testículos"
En cierta ocasión un adiestrador de reconocido prestigio, me dijo que la esterilización tiene mala prensa porque atribuimos a los perros cualidades humanas. Total, me dijo, hay dueños que no cruzan a sus perros en toda su vida, ó a lo sumo una ó dos veces. ¿Vale la pena las molestias que ocasiona?
Las protectoras y las perreras, lo ven una práctica recomendable. Obligan a esterilizar para adoptar a un perro, cuando precisamente ese perro va atener un dueño teóricamente responsable. Lo ideal para esta gente debe ser esterilizar a la raza cánida, a excepción de los elegidos para pasar a la posteridad como sementales. Muerto el perro se acabó la rabia.
Acontinuación te leo una página de Tombuctú, del gran Paul Auster:
-Oye , Polly -dijo-, lo siento. Pero no es más que por su bien.
-No quiero hablar del tema -replicó ella-. Lo has decidido y se acabó. Ya sabes lo que pienso, así que no tiene sentido discutir.
-Pero no soy el primero al que se le ocurre eso -objetó Dick-. Es una práctica corriente.
-¿Ah?, ¿sí? ¿A que no te gustaría que te lo hicieran a tí?
Dick emitió un ruido a medio camino entre el gruñido y la carcajada.
-Vamos cariño, déjalo ya. Es un perro. Ni siquiera va a enterarse de nada.
-Por favor, Dick. No quiero hablar de ello.
- ¿Por qué no? Si te preocupa tanto...
-No. Delante de él, no. No es justo.
Dick volvió a reirse, pero esta vez fue como una especie de clamorosa estupefacción, una gran carcajada de incredulidad.
-¡No lo dirás en serio! -exclamó-. ¡Si no es más que un perro, Polly, por Dios!
-Piensa lo que quieras pero en el coche no voy a decir una palabra más sobre eso.
Y no lo hizo. Aunque ya habían dicho bastante como para que Míster Bones empezara a inquietarse, y cuando el coche se detuvo finalmente y vio que habían parado delante del edificio en que Polly y él habían estado el martes por la mañana, el mismo donde pasaba consulta un tal Walter A. Burnside, médico veterinario, supo que algo horrible estaba a punto de sucederle.

domingo, 22 de junio de 2008

A different walk




We belong to the city, my loyal soldier, Rex and me, are used to walk among high buildings and traffic lights; in Valencia.

Yesterday we took a different choice. We rediscovered the paradise, the paradise lost for citizens that had not the fortunne to live in the country.


There is a river, not a long river, but not short.

It is a river who sculptured a valley in the inland of Castellón, it is the River Palancia.



It goes ahead looking for the see near Sagunto, but in its medium course there is a beautiful city named Segorbe.

I enjoyed with my loyal soldier Rex the pleasure of nature. A wild nature, the freshness of ancient trees such as figue trees, olive trees and the orchard.

Soft and humid fertile land under my feet made me feel alive.

As sun was going down, the intense light of the Mediterranean was disapparing among the branches and leaves of the trees.


I heard voices, ones were lounder others not, these voices were the voices of irrigation channels, but as I went on I heard a voice lounder than the others, it was a fericious one, it was the voice of the River Palancia.

And watching that spectacle I thought how much time I had lost in the city, but fortunotely it still was not late.





El jardinero fiel

No hace mucho he visto la película titulada "El jardinero fiel".


Sin que tenga nada que ver con el argumento de la famosa y recomendable película, sí que encuentro un parecido en cuanto al tema, en lo que corresponde a mi jardinero particular Rex. Un jardinero de afición con una fidelidad ejemplar.


Ya desde su más tierna infancia, Rex mostró interés por las plantas.

Al poco tiempo comenzó a realizar transplantes e injertos en el mundo vegetal.



Y eso sí, siempre con su carita de no haber roto nunca un plato.



martes, 10 de junio de 2008

El Parterre

El parterre es tan triste. Aquel niño sentado solo en el banco cercano a la Estatua. Su padre ya no está. Nunca más estará. La música de la fuente no tiene cuerpo, pero la siente. Y la Estatua le mira. Le señala un lugar lejano en el horizonte donde las flores son azules y los atardeceres dorados. La melodía vuelve y le eleva.

El parterre es tan eterno. Aquel hombre mirando el banco cercano a la Estatua. Su madre ya no está. Nunca más estará. Los paseos están vacíos. Aquella pelota cubierta de barro entre las hojas. La Estatua le sonríe y le abre la puerta del tiempo. Ve al niño en el banco y se sienta junto a él. La melodía vuelve y le eleva y su garganta se llena de emoción y sus lágrimas condensan su alegría.

La madre del niño llega. No le gusta que su hijo hable con desconocidos. Le coge de la mano y se marchan. Ahora el hombre está sentado solo en el banco cercano a la Estatua. La puerta del tiempo se ha cerrado.

miércoles, 4 de junio de 2008

Los perros de la brigada ligera

Mi querido Rex, quiero reproducir para tí y para todos aquellos que no tengan el placer de haberlo leído, el artículo que Arturo Pérez Reverte publicó el pasado domingo en el XLSemanal, cuyo título es el que da nombre a esta entrada del blog.
Conozco desde niño la heróica gesta de la carga de la brigada ligera. Desde siempre simpatizo con las causas perdidas y con el honor. Pero la historia la escriben los hombres y hasta hoy nadie había contado que en la carga de caballería participaron dos perros llamados Jemmy y Boxer, que eran las mascotas de dos de los cinco regimientos.
Los húsares cargaron contra lo imposible por honor, y los perros los siguieron por lealtad. Mientras los mandos que ordenaron el ataque observaban el desastre producto de su incompetencia desde lo alto de una colina. Hay que joderse...

Insistir, a estas alturas, en que aprecio en general más a los perros que a los hombres es una obviedad que no remacharé demasiado. He dicho alguna vez que si la raza humana desapareciera de la faz de la tierra, ésta ganaría mucho en el cambio; mientras que sin perros sería un lugar más oscuro e insoportable. Cuestión de lealtad, supongo. Hay quien valora unas cosas y quien valora otras. Por mi parte, creo que la lealtad incondicional, a prueba de todo, es una de las pocas cosas que no pueden comprarse con retórica ni dinero. Tal vez por eso, la lealtad, en hombres o en animales, siempre me humedece un poquito las gafas de sol.

Todo esto viene a cuento porque acabo de darle un repaso a El Valle de la Muerte, un ensayo de Terry Brighton sobre la carga de la Brigada Ligera durante la guerra de Crimea. Aquello, más conocido por la carga entre los que están en el ajo, es asunto que algunos frikis de la materia –los periodistas Jacinto Antón y Willy Altares, mi compadre Javier Marías, yo mismo y algún otro– cultivamos, desde hace muchísimos años, como materia de reflexión y tertulia, sobre todo a la hora de comparar la leal actuación de los lanceros, dragones y húsares ingleses aquel 25 de octubre de 1854, dejándose el pellejo bajo la artillería rusa, con la criminal incompetencia de los mandos británicos que ordenaron el ataque, notorio entre las grandes imbecilidades militares de la Historia.

La historia es conocida: cinco regimientos de caballería británicos cargaron de frente contra una batería rusa, a través de un valle de kilómetro y medio de largo, batido a la ida y a la vuelta por fusileros y artillería. De seiscientos sesenta y seis hombres volvieron a sus líneas heridos o ilesos, muchos a pie y todos bajo fuego enemigo, trescientos noventa y cinco. Hasta la suerte de sus caballos se conoce: de los pobres animales que montaron los ingleses, galopando entre el estallido de las granadas o sueltos luego por el valle enloquecidos y sin jinete, murieron trescientos setenta y cinco. Ni siquiera los famosos versos de Tennyson, que varias generaciones de escolares aprendieron de memoria –«Media legua, media legua / media legua más allá...»–, pueden embellecer el asunto. Fue una carnicería en el más exacto sentido de la palabra.

Pero de lo que quiero hablar hoy es de perros. Porque lo que pocos saben es que, ese día, dos perros cargaron también contra los cañones rusos. Se llamaban Jemmy y Boxer, y eran, respectivamente, las mascotas del 11o y del 8o regimientos de húsares. Los dos canes habían acompañado a sus amos desde sus cuarteles de Inglaterra, y estaban en el campamento británico cuando se ordenó a la Brigada Ligera formar para la carga. Así que, como tantas otras veces en desfiles y maniobras, los dos fieles animales acudieron a colocarse junto a las patas de los caballos de los oficiales, dispuestos a marchar al mismo paso, sin obedecer las voces de los soldados que les ordenaban apartarse de allí. Después sonó la corneta, empezó la marcha al paso, luego al trote, y cuando, bajo intenso fuego de artillería, se pasó al galope y sonó el toque de carga, con las granadas reventando, hombres cayendo por todas partes, estruendo de bombazos y caballos destripados o sin jinete, Jemmy y Boxer siguieron corriendo imperturbables, junto a sus amos, en línea recta hacia los cañones rusos.

Parecerá increíble para quien no conozca a los perros. Esos chuchos cruzaron todo el valle de Balaclava entre un diluvio de fuego –«Hasta las fauces negras de la Muerte, / hasta la boca misma del Infierno»– y permanecieron junto a los húsares, o lo que quedaba de ellos, mientras éstos acuchillaban a los artilleros enemigos y morían entre los cañones. Después regresaron despacio, al paso de los caballos maltrechos que traían a los supervivientes, junto a hombres desmontados o heridos que caminaban y caían exhaustos, entre el tiroteo ruso y los disparos de quienes remataban a sus caballos moribundos ante de seguir a pie. Tres largos kilómetros de ida y vuelta. Jemmy y Boxer hicieron la carga junto a los primeros caballos de la brigada y regresaron a las líneas inglesas con el primer hombre montado de sus respectivos regimientos que volvió a éstas: Ileso Boxer, sin un rasguño; herido Jemmy por una esquirla de metralla en el cuello. Y ambos, acabada la campaña, regresaron a Inglaterra y murieron viejos, honrados y veteranos, en su cuartel.
Ni Tennyson ni poeta alguno hablaron nunca de ellos, ni en el poema famoso ni en ningún otro maldito verso. Por eso he contado hoy su historia. Para decirles que por el Valle de la Muerte, cargando contra los cañones con la Brigada Ligera, también corrieron dos buenos perros valientes.

viernes, 16 de mayo de 2008

La alegría perfecta



Paseaba un hombre una noche bajo la lluvia. El agua caía suavemente, resbalando sobre su piel y empapando sus sentidos. El frío comenzaba a dejarse sentir. Una sensación de vacío le agujereaba el alma.
Un perro caminaba a su lado.
El perro le miraba girando los ojos sin levantar la cabeza y le seguía. Esos ojos tan familiares. La sensación de vacío iba desapareciendo. No estaba solo. Pensaba en el éxito que siempre había buscado. En el reconocimiento de los demás que nunca llegaba. En la búsqueda en su interior. En ese instante lo único cierto del mundo era que el perro le seguía.
Estaban calados y cansados y no sabían a donde iban. Al hombre se le desdibujaba de donde venían, pero comenzaba a sentirse mejor. Comenzaba a descubrir la alegría perfecta.

sábado, 26 de abril de 2008

Os presentamos a Lear

Hoy hemos elegido a Lear.
Toda la camada es preciosa y nos ha costado mucho decidirnos. Al final había que hacerlo y aquí os presentamos a Lear.
Pero todos sus hermanos son igual de bonitos y cariñosos y desde aquí les deseamos lo mejor para todos ellos.














































































sábado, 19 de abril de 2008

La primera camada de Rex

Así que mi querido escudero Rex ha sido papá de familia numerosa. De casta le viene al schnauzer. De tal Rembrandt de Los Valientes, tal Zipo de Barbadura = Rex = Fiel escudero del Caballero Desdichado. Nos quedamos con uno, a elegir entre los OCHOOO!!!






¿Pero cual elegir? Lo tengo claro. El que más se parezca a Rex, con su hocico característico. Lo demás vendrá por añadidura si topa con unos dueños que sepan educarlo. Pero he aquí la cuestión, ¿A que manos irá a parar nuestro pequeño Rexito = Lear?

jueves, 13 de marzo de 2008

Conversaciones con Rex

Me encanta conversar con Rex. Suele escucharme mejor que muchos. Algún día os contaré de lo que hablamos. De momentos os dejo unas fotos de las diversas actitudes de Rex durante nuestra conversación. Os tengo que confesar que no soy perfecto y creo que lo nuestro de momento son monólogos. Aquí veis con que interés escucha las palabras de Desdichado.


Aquí se pone en plan cómodo en su postura favorita haciendo la esfinge en su banco favorito. Mira con indiferencia al infinito. Creo que no le gusta lo que le digo.


Aquí mostrando su mejor perfil, pasando olimpicamente de mi monólogo



Por último Desdichado, es decir yo mismo, acabo estrujándolo mientras el pobre se deja querer








jueves, 6 de marzo de 2008

Rex va a ser papá

Cuando aún no me he dado cuenta de que Rex está madurando, resulta que va a ser el padre de una camada.

domingo, 3 de febrero de 2008

La vida no es fácil

La vida no es fácil. Tiende a complicarse. Los problemas llegan solos. Las tristezas nos acechan y tarde ó temprano nos alcanzan. A mí , por ejemplo, me alcanzó hace dos años. El tiempo ayuda. En aquel momento compré a Rex. Lo separaron de su madre y su camada y me lo enviaron en un transportin por MRW. Al recibirlo, una semilla de alegría y esperanza germinó en el desierto de la noche de mi alma.

domingo, 16 de diciembre de 2007

Serenidad



Ramón entró en el restaurante con la impaciencia de quien lleva tiempo esperando este momento. No sentía nada de apetito. Su estómago estaba cerrado y tenía que controlar las arcadas. La razón estaba de su parte y el día había llegado. Quedaba atrás la planificación, la puesta en escena, que le permitiera proponer las modificaciones al Proyecto. Don Arturo, su jefe, era un perfeccionista y exigía esa perfección a todo lo que le rodeaba. Y en ese todo estaba incluido Ramón. Recordaba cuando Don Arturo le encargó la ejecución del Proyecto. Que día tan azul y luminoso. Su pecho se hinchaba de orgullo, mientras todos sus compañeros lo miraban con envidia. Pero los malditos imprevistos llegaron incluso antes de comenzar, mientras se probaba el nuevo traje de jefe de Proyectos.
-¿Disculpe señor, tiene mesa reservada?- le dijo el maître. Ramón tardó en responder.
-Sí, disculpe, tengo una mesa para cuatro, reservada a nombre de…
-Ramón García- se adelanto el maître.- Es la única mesa reservada para cuatro y por las veces que ha llamado comprobando que estuviera todo correcto, le he reconocido la voz.
Ramón sabía que era un brasa, pero no le pareció correcta la observación.
El maître le acercó a la mesa y le invitó a tomar asiento. En ese mismo instante Ernestina entraba en el Restaurante. Conforme se acercaba, Ramón se recreó en sus movimientos de cadera y en el levísimo balanceo de sus pechos. Se calmó al pensar que siempre le quedaría Ernestina, que esa misma noche podría disfrutar de su cuerpo pasara lo que pasara en la comida.
-Gracias por venir- le dijo Ramón con voz aterciopelada.
-No me perdería esta comida por nada del mundo- contestó ella con picardía.
Ramón se molestó por un instante. Aún no conocía al nuevo adjunto de Don Arturo, pero ya le habían llegado noticias del éxito que tenía con las mujeres. Por eso había dudado en llamar a Ernestina, pero ahora, viéndola sonreír con su rostro relajado, se convenció que había sido un acierto incluirla en la reunión. Ernestina hacía subir muchos puntos al hombre que tuviera a su lado. Además aportaba ese toque fresco y juvenil, sin olvidar la forma en que la miraba Don Arturo.
Ramón se fue al baño. Trató de mear, pero no soltó ni gota. Entró en el cagadero, pero tampoco pudo aliviarse. Al salir del aseo, descubrió que los invitados estaban sentados en la mesa, riendo de forma exagerada.
-Don Arturo, disculpe- atisbó a decir Ramón, al tiempo que le tendía la mano todavía húmeda del lavabo.
-No se preocupe. Con Ernestina no le hemos echado en falta.
Su mirada se fijó en el cuarto personaje. Se trataba de un extranjero que respondía perfectamente al estándar de nórdico.
-Por cierto, es el momento de las presentaciones- dijo Don Arturo. –Ramón, te presento a Larson, el nuevo adjunto a la gerencia de la compañía, es decir, mi brazo derecho a partir de ahora.
Larson sonrió y le tendió la mano a Ramón, pero sin responder verbalmente al saludo.
-No habla una palabra de castellano- le justificó Don Arturo – Hasta que se suelte con el idioma, Ernestina trabajará para él.
La mesa estaba servida, con variedad de platos, que a Ramón le parecieron relacionados con Larson. Veía albóndigas de bacalao, arenques a la crema, buñuelos de anchoa, ensalada de ahumados, salmón marinado y algunos más que estaba tratando de reconocer. La cara de Ramón no podía disimular su estupefacción. No era nada de lo que él había encargado.
-Le pedí a Ernestina que se asegurara de que el menú fuera del gusto de Larson- dijo Don Arturo. Ella agachó la cabeza, pero la levantó al instante como aceptando un desafío.
-Pero Ernestina…- comenzó a decir Ramón al tiempo que buscaba su mirada. -¿Cómo no me dijiste nada?- acertó a decir.
-Porque Ernestina sabe adaptarse a los cambios –respondió Don Arturo- Sabe improvisar, jugar con los imprevistos. Cosa de la que tú, Ramón, andas muy corto.
-Pero Don Arturo, las condiciones iniciales del proyecto, no eran las previstas. Se necesitó un tiempo de reacción y los costes indirectos se incrementaron.- dijo Ramón mientras Larson le hincaba el diente al salmón – No obstante quería aprovechar la comida para comentarle una serie de cambios de calidades tendentes a poder mantener el Presupuesto inicialmente previsto.
-Sí, Ramón, ya sé. Ernestina me ha mantenido puntualmente informado de todas tus meteduras de gamba. Sinceramente, creo que lo tuyo Ramón, es la pastelería. Empiezas a amasar y ya no puedes quitarte la masa de las manos. Todo lo pringas.
Ramón sentía que le faltaba aire. Era incapaz de responder. No podía articular palabras inteligibles. Por su mente pasaba el cuerpo desnudo de Ernestina, (cuerpo que él ya no volvería a ver), en los brazos fornidos del Sueco ó Finlandés de la sonrisa hueca. La lealtad destrozada. Bragas de traición. Como pudo se levantó de la mesa y volvió al aseo. Se cerró dentro de una de las cabinas y se sentó en la taza. Trató de seguir respirando. Se asfixiaba.
Cuando despertó todo estaba oscuro. Tan solo veía la tenue iluminación de las luces de emergencia. Tardó unos minutos en ordenar los últimos acontecimientos y recordar donde estaba. Pensó que todo había sido un mal sueño, pero no. Estaba dentro del restaurante con las puertas cerradas. Nadie se había acordado de él. Se sentó en la barra y se miró frente al espejo. Su cara era un rictus, su boca estaba torcida, sus ojos sin expresión, su color amarillo. Se sirvió un güisqui con hielo y se encendió un puro. En ese instante descubrió que podía respirar hondamente, sin limitaciones. Ya no tenía nada que perder, ni siquiera la vida. Se puso en pie, abrió la puerta de la salida de emergencia, y salió a la calle mientras sonaba la alarma y destellaban las luces de emergencia.

jueves, 25 de octubre de 2007

¿El?

Caminaba por la ciudad con aire distraído, con el desenfado de quien afronta el comienzo de un fin de semana poco prometedor, cuando mi pie derecho pisó el cordón del zapato del izquierdo y mi equilibrio se terminó de perder cayendo en la sucia acera. Hacía mucho tiempo que no me había caído en plena calle. Casi me costaba recordar cuando fue la última vez. Pero ahora, lo prioritario era levantarse lo antes posible, como si nada, y furtivamente observar si alguien se reía con mayor ó menor disimulo. Una vez erecto haciendo honor a mi condición de homínido, mi cabeza giró en un rápido y sutil movimiento transmitiéndome la gratificante sensación de ser ignorado por el resto del mundo, cuando de repente habían allí unos ojos mirándome fijamente con cara de sorpresa. Lo siguiente que vi fueron unas pobladas cejas, un bigote y unas orejas ligeramente levantadas, que formaban parte de una cabeza ladeada cuyo rostro mostraba una mezcla de ignorancia e incredulidad. Rápidamente me tranquilicé. Se trataba tan sólo de un perro, que por su condición de cánido no podía hablar, ni tan siquiera reírse.
Una vez levantado y tras superar la sorpresa de mi traspié, comencé a sentir una pérdida de estabilidad. La caída me debió afectar al órgano del equilibrio. No importaba. De todos modos podía andar.
Me disponía a proseguir mi camino cuando algo llamó mi atención. El perro que hasta el momento había permanecido sentado junto al banco, se puso de pie y dio dos pasos tras de mí. En ese mismo instante la correa que lo sujetaba al banco se tensó y dócilmente se quedó mirándome aullando de manera tenue y lastimosa. Miré a mí alrededor, esta vez de forma arrogante e inquisitorial, para encontrar al responsable de tener a un animal de tan dulce mirada atado en la vía pública. La gente circulaba a nuestro alrededor sin mostrar ningún signo de interés por la escena que estaban presenciando. Me quedé estatua durante unos pocos minutos que me parecieron una eternidad, pero todo seguía igual. No cabía duda de que el perro había sido abandonado por su rastrero dueño. ¿Qué hacer? Esa era la cuestión. Y encima me estaba empezando a entrar un ardor de estómago que por desgracia empezaba a resultarme demasiado familiar.
La posibilidad de llamar a la policía local ó a una sociedad protectora no me seducía en absoluto. Podía esperar horas hasta que aparecieran y rellenaran los partes correspondientes. Además el final del que ya consideraba mi amigo, sería muy triste en la perrera municipal. No, eso no iba a tolerarlo. Por otro lado no podía dejarlo ahí, al menos mientras me siguiera mirando de esa forma. No tenía otra alternativa más que soltarlo y luego ya pensaría que hacer.
Decidido a cumplir mi propósito, cogí la correa de tela y traté de desatar los nudos. Pero al inclinarme, el mareo se incrementó y el ardor empezó a transformarse en nauseas. Desistí de mi empeño.
Me senté en el banco y a mi amigo le faltó tiempo para subirse y apoyarme su hocico en mi muslo derecho, mientras sus ojos miraban hacia arriba para observarme. No cabía duda que era un perro de familia, acostumbrado a tumbarse en la cama que se le pusiera por delante. Descansé unos minutos. Con más tranquilidad observé que el animal estaba bien cuidado. No debía pertenecer a ninguna raza en concreto. Sus padres debían creer en el amor libre sin sometimiento a estándares de razas. El resultado del cruce resultaba satisfactorio. Tamaño mediano, pelo duro de predominio de grises, con los extremos de las patas, las barbas y las cejas de color blanco. Mientras, sin saber como, mi mano derecha se había apoyado en su cabeza, al mismo tiempo que él me lamía la mano izquierda.
Comenzaba a hacer fresco. No tardaría en anochecer, y a estas alturas, yo ya estaba decidido a no dejarlo solo en mitad de la noche. Por fin estaba convencido en llevármelo a casa. Mañana con la luz del Sol ya pensaría que hacer.
Me levanté del asiento y como un resorte él se puso en pie y comenzó a mostrar su intranquilidad. Pero ahora acerté a ver la hebilla que unía la correa con el collar y la abrí. En ese preciso instante en que el perro se vio liberado, salió disparado como un cohete y tardé tres segundos en perderlo de vista. Adieu mon ami.
Me quedé de pie en la acera durante unos instantes, respiré hondo y comencé a sentirme aliviado. Ya no era responsable de ese chucho que no tenía nada de especial.
Era hora de regresar a casa. Este encuentro casual me había hecho perder mucho tiempo y presentía que como en tantas otras ocasiones tendría que justificarme. Me dejaba llevar por mis piernas más que por mi cabeza. Acabé cogiendo un taxi. Al tercero que pasó conseguí que parara. Le di mi dirección y le pedí que me dejara en la misma puerta. El taxista sonrió, bajó la bandera y tras recorrer escasamente cincuenta metros paró y me mostró el portal de la finca de mi casa.
-Maldita sea, -me dije por lo bajo- ya me la han vuelto a clavar.
Bajé del taxi mientras el conductor seguía mostrándome su estúpida sonrisa.
-Qué te jodan- atisbe a decirle en el mismo instante en que el capullo daba un acelerón. Todavía me dio tiempo a hacerle un corte de mangas antes de que desapareciera tras girar la esquina.
Entonces me percate que estaba parado en mitad de la calzada mientras un conductor esperaba pacientemente a que dejara la vía libre. El coche pasó mientras le hacía una reverencia.
Al menos estaba en casa. La puerta del patio estaba abierta. Subí las escaleras. Por fin tenía la suerte de cara, la puerta de casa también estaba abierta. Entraría disimuladamente y me sentaría en mi sillón. Nadie en el recibidor. Continué sigilosamente caminando por el pasillo que desembocaba en el comedor. La televisión estaba en marcha y mi sillón estaba encarado a ella dispuesto a recibirme. Fue entonces cuando me percaté de una presencia que estaba ocupando mi lugar. Seguí acercándome. De repente me encontré sin respiración, sin habla. Era él quien estaba enroscado sobre la tapicería del asiento, con su cabeza apoyada en el brazo del sillón y mirándome con aire de indiferencia.
-¿Otra vez te has metido en el bareto de la esquina en lugar de pasear al perro?-oí que me decía mi mujer desde la cocina- ¿Dónde le dejaste mientras te ponías ciego?
En ese instante todo cobró sentido y mientras le miraba a él sentado en mi sillón, comprendí que yo era el autentico perro de la casa.

jueves, 13 de septiembre de 2007

La familia de Rex

Estimada Pilar.
Hace dias que quiero escribirte, para decirte lo contentos que estamos con Rex.
Es un magnífico ejemplar y todo un perro de familia adaptado a la convivencia en un piso de Valencia, aunque la verdad es que entre mi mujer y yo, Rex pasea dos horas al día, una de ellas correteando y jugando por el parque. Así pues Rex no tiene un gramo de grasa y tiene un aspecto atlético y vigoroso. Come 300 gramos de pienso al día, Hill's de arroz y ternera, y está estabilizado en unos 19 Kilos. Al mismo tiempo es cariñoso y juguetón y no tiene nunca una mala reacción, aunque es un innato guardian de la casa.
Anoche entré en vuestra página, como hago de vez en cuando, y como novedad vi con mucho cariño, la nueva camada del 6 de Agosto, que son hermanos de Rex, tanto de padre como de madre. Me alegré mucho, porque varias veces he pensado escribiros contando que el cruce de Rembrandt de los Valientes y de Vero de Barbadura ha funcionado a la perfección en cuanto a Rex, como exponente de las características que explicais en vuestra página.
Pues bien, si puede ser, me gustaría tener alguna foto de Rembrandt de los Valientes y ya puestos de Vero de Barbadura. Se que Rembrandt aparece como padre en muchos cruces, lo cual me lleva a pensar que
debe ser muy buen perro y me alegra pensar que Rex debe ser buen ejemplo de su padre. Aunque Vero, mucho más joven que Rembrandt, también debió de poner su parte. Se que Rembrandt es padre de Mara ( que creo que ha sido campeona de España), y la madre de Mara es Quendy, otra Barbadura.
En cualquier caso felicitaros por vuestro trabajo y es un placer escribiros. Cuando tenga un rato , os mando nuevas fotos de Rex.
Hasta pronto.


Foto de Rembrandt de los Valientes

Querido Francisco. Gracias por escribir, no sabes lo que me alegra que todo vaya como tú querías y que lo que esperabas de Rex se vaya cumpliendo. Lo peor ya ha pasado y ya verás como ahora empieza la etapa de disfrutar de él durante mucho tiempo. Te mando una foto de Rembrandt de los Valientes. Es un perro de un criador holandés afincado en Mallorca que compró en Rusia un gran ejemplar que se llama Ivan Mazor, también te mando la foto, Ivan ha sido uno de los mejores schnauzer medianos que hemos visto y por ello le introdujimos en nuestra cría a través de cruces con nuestras perras y con la compra de Rebrandt. Es un gran reproductor y tiene un excelente carácter que fija en sus hijos. Para nosotros ha sido uno de los perros fundamentales de nuestra cría.Sus hijos se parecen a él por eso me imagino bien como es Rex ahora. Vero es una perra muy bonita y sobre todo es todo dulzura, la mezcla de ellos es muy buena. Vero es hija de Balthar de Verorich otro gran campeón que introdujimos en nuestra cría cruzándole con la que consideramos actuaolmente nuestra mejor madre. Urraca. No tendo fotos de Vero pues siempre la tenemos con el pelo muy cortito para que esté limpia, pero si puedo te hago alguna para que te hagas una idea. Gracias por seguir en contacto. Recibe un saludo para tí y tu familia. Pilar








Balthar de Verorich















Ivan Mazor

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